
Mierda, más mierda
Junio 28, 2007La cosa empieza a ser preocupantemente inacabable.
Gracias a Stage 6, web del año y posible relevo de Youtube, le he podido echar un vistazo al primer capítulo de El internado. A veces ves una serie y dices “joder, menuda mierda, esto no va a durar un telediario” pero a veces ves otra y dices “joder, menuda mierda, pero esto se va a ver que te cagas”.
Como Bea la Fea.
Yendo, al grano, El internado es un nuevo despropósito de guión y dirección. Sólo he aguantado cinco minutos, y os los desgloso aquí:
Empieza la serie. Plano general de un centro de salud mental donde, a saber por qué, no hay rejas. Debe ser como aquella cárcel de mínima seguridad en la que encerraron al actor secundario Bob tras descubrirse que amañó las elecciones locales.
Vemos pasar a uno de los enfermeros, tópicamente de blanco y fornido, mirando hacia delante como pensando “no mires a cámara, sé natural; no mires a cámara, sé natural”.
En estas que se apagan las luces de todas las ventanas, piso por piso, o sea, que están controladas de forma maestra como en una cárcel. Eso sí, las ventanas tampoco tienen rejas y son lo bastante grandes como hacer salir (o meter) por ellas un piano de cola.
Se enciende la luz de una de las ventanas (¿no habíamos quedado en que la luz era maestra, o quizá es que los enfermos se sincronizan de putísima madre? Pues no estarán tan locos), se abre y se asoma una chica para ver si hay moros en la costa. Chata, después de encender la luz (a saber para qué) y de abrir las ventanas de par en par, la discreción ya no resuelve nada.
Tira un abrigo al suelo (aceptamos barco) y lanza la clásica liana hecha atando sábanas. Digo yo que como enferma que es no dispondrá de armario con muda de ropa de cama, así que esa liana se la ha hecho con, veamos, la sábana con la que se tapa, la que cubre el colchón y la funda de la almohada. Y con todo esto ha cubierto dos pisos de altura. Venga.
La chavala toca suelo, recoge el abrigo y sale de plano. Y en ese mismísimo momento suena la alarma. Teniendo en cuenta que en la mayoría de centros de menores de este país no la hay, me hace gracia que un sanatorio mental si la tenga. También se encienden toooodas las luces de toooodas las habitaciones, y yo me pregunto ¿para qué despertar a los pobres enfermos? Acto seguido, aparecen enfermeros fornidos por todas partes, y te meas de risa, porque se nota que han estado escondidos detrás de los matorrales para aparecer en escena. Eso sí, sin prisas, que con llenar plano ya han cumplido.
Y queda la gran pregunta: ¿cómo coño descubren que se ha fugado la chavala? La alarma y todo lo demás ocurre 5 segundos exactos después de que la chica salga de plano. ¡Joder, debe de ser un sensor mágico-cuántico o algo así!
La chica logra huir hasta un lugar que no se sabe si está en un sitio poblado o no, pero tanto da, la desfachatez no va por ahí. Hay un autocar de ALSA, de esos de desplazamientos largos, aparcado. No me preguntéis cómo una enferma mental encerrada en un sanatorio sabe dónde coger el autocar que necesita, pero venga, sigamos. Los pasajeros terminan de guardar su equipaje y suben todos al autocar. ¿Qué hace la chica? ¡Subir medio agachada por la puerta de enmedio y colarse en el bus! ¡Sí, amigos míos, viajar gratis es así de fácil! ¡Nada de recurrir a la clásica escena de autostop, aquí se viaja en ALSAAAA!
Cambiamos de escena y vemos por primera vez el internado al que hace referencia el título de la serie. Aparece el pollo este que hacía de gay en Aquí no hay quien viva, y la cámara, que está como a unos quince metros de él, hace un travelling de puro vértigo y cierra a un plano medio corto contrapicado. Como si hubiera aparecido el puto salvador del mundo.
Bueno. Amanece y la chavala llega a un sitio que se supone que está taco lejos del sanatorio, pero igualmente la siguen a través del bosque en el que, inexplicablemente, se baja. Más aun inexplicable, lleva consigo una surtida mochila llena de equipaje con ropa de su gusto y talla. Mi teoría es que iba dentro de una pokeball o de una cápsula Hoi-Poi, y ésta alojada en alguna notoria cavidad de su cuerpo.
Como está sola en el bosque y parece que la siguen, hace lo que cualquiera, despelotarse y cambiarse de ropa.
Y aquí, después de ver lo único que merecía la pena (la niña en carnes) y tras estar muerto de hastío, me rendí.
Sobran más comentarios.
