El buen Andreu sigue teniendo el olfato fino. Ha sabido aprovecharse de la modernidad de internet y de su propio poder mediático para canalizar algo que es una realidad tangible: el descontento general por la política de RTVE a la hora de elegir representante para Eurovisión.
Buenafuente y Fernández (así se apellida realmente el ya ídolo Chikilicuatre) se la han metido doblada a la televisión pública, esta, a su vez, ha caído mil y una veces en la trampa. Primero y segundo con el voto por internet; después con la idea de dar protagonismo al notario durante el festival, cosa que se les volvió en contra porque les fue imposible manipular el proceso para largar a Rodolfo. Se intentó eliminar el 20% de puntuación total que se conseguía por el voto a través de internet, pero más tarde, una desconcertada Rafaella Carrá, que no sabía nada del asunto Chiki Chiki, tuvo que rectificar.
Uribarri, tras la actuación de Rodolfo, se reía y decía que era una broma de internet que RTVE aceptaba con cariño, y yo, que me veía la gala convencido del final comiéndome un yogur con mi novia, me descojoné para mis adentros y pensé: “sí, sí, tú ríete que verás por dónde te vamos a meter el Chiki Chiki”.
La platéa fue otro campo de batalla más. Los fans de los otros pestilentes candidatos abuchearon al de Buenafuente a grito de ‘fuera’. Los demócratas de supermercado le vieron como lo que es: un escupitajo en la cara a los suyos, pero a la hora de la verdad la única letra que se sabía el público y que cantó fue el Chiki Chiki. Las pintas de los padres y del sobrino eran muy chanaaaaaanteeeeeees.
Visto que las centralitas echaban humo por la batería de votos que iban para Rodolfo, el jurado empezó a jugar sucio: todos a mostrar su apoyo a una Coral que sí, cumplía a la perfección el rol del candidato habitual a Eurovisión y, por tanto, hacía más certera la crítica que representa Rodolfo.
Me despollé vivo cuando se anunció que Chikilicuatre se iba para Belgrado. La cara de Coral, en el escenario junto a la Carrá, era un poema. Se sintió como la ganadora legítima cuya oportunidad había sido arrebatada por el experimento Buenafuente. Se debería quejar menos y hacer crítica de su patética canción. ¿De qué sirve tener un cuerpazo, un vestido rojo impresionante y una voz de lírica profesional si luego vas y te limitas a imitar a Mónica Naranjo cantando esa memez de ‘Todo está en tu mente’?
He aquí donde el mensaje de Buenafuente funciona: los demás candidatos presentaron unos temas igual de lamentables, con el agravante de que iban en serio. ¿El ‘Do you a mi manera’ de los tres niñatos frikis? ¿El ‘Caramelo’ de los ‘duros’ de Melilla? ¿El ‘Me encanta bailar’ de la ‘rubia muy legal’ española? ¿El ’Olé’ a lo bisbalito cantado, toma ya del frasco, por un vasco? Hasta el expositor de cassetes de una gasolinera os viene grande.
En la web española de Eurovisón todo son rasgarse las vestiduras. El sistema de MySpace es un coladero de votos fraudulentos, según ellos. Pues que hubieran anulado la candidatura de Rodolfo como hicieron con El Gato. A los soplapollas que apoyan el estado actual de Eurovisón les cuesta reconocer que no tienen ni puta idea de música y tiran balones fuera, hacen oídos sordos a la clara crítica que se está haciendo y ningunean el asunto. Muy español.
¿Alguien se imagina a un fan de Coral, o de D-Vine, o de Son de sol, o de las Ketchup escuchando a U2, a Cranberries, a Pink Floyd, The Cure, Nine Inch Nails, Eva Cassidy, Maroon 5 o The Misión? ¿Se entiende ahora?
Para ya rematar, aparece el tonto del haba de Miki con su columna en la web española de Eurovisión pataleando que Rodolfo es el triunfo del voto friki, porque, según él, hay que ser muy friki para que te guste el Chikilicuatre y le hayas votado. Pero por Dios, ¿es que es tan difícil de entender? Esto no es el triunfo del voto friki, sino el del voto del desencanto. No es una gracieta sin más, es una crítica de que los representantes españoles son una puta mierda, y qué mejor forma de expresarlo que así. Buenafuente se ha cagado en el sistema desde el sistema en nombre de todos, y huele que alimenta.
Por cierto, don Miki, el voto frki, choni, cañí y cateto al que tú aludes es precisamente el tradicional de los eurofans, porque el problema es ese: ni los candidatos ni quienes los apoyan tienen la más mínima cultura musical. No somos Gran Bretaña o Alemania. Sí, saben cantar, estilo karaoke, al menos, pero en Eurovisión no se premia una voz, se premia una canción, y en este paquete va letra, melodía, puesta en escena, etc. ¿Un Bloody Mary, por favor? No, gracias.