Blanes y otras porquerizas del mundo
Estar en el meollo de la degradación humana me vuelve existencialista. Anoche, festividad mística de Sant Joan, fuimos a Blanes, uno de esos lugares con nombre propio de la Costa Brava catalana. La experiencia no pudo ser más desagradable, porque fue como estar en Puerto Marina; y esto, lectores de Málaga y conocedores del asunto por otras circunstancias, es cosa dura para mí. Estar rodeado de centenares, que digo, miles de desechos humanos, despojos prescindibles, gentuza sin inquietudes ni aspiraciones que no sea el coma etílico y el presumir de lo que se carece -y se carecerá, hay caminos sin retornos-, me hace plantear algo.
Gasear.
Odio a determinada gente, lo admito. Vivir en una estación espacial, aquí tan sólo, te vuelve un poco tal que así. Hay personas a las que lo cortés no quita lo valiente, no son aptos para la sociedad, deben desaparecer. Y deben hacerlo sufriendo.
Todas estas zonas de marcha, que además despretigian a una ciudad y degradan tanto su imagen como la de sus respetables ciudadanos y vecinos necesitan de una buena limpieza. Algo contundente, nuclear no, eso no es rentable. ¿Que me dicen de una buena catastrofe natural? Un terremoto, un tornado… Algo con estilo, a las 3 de la mañana para mayor eficacia.
Otra cosa que me gustaría, mientras esto se va tramitando, es un buen shooter. Ya saben, un videojuego de vista subjetiva en el que podamos acribillar a balazos a los morenitos soplapollas de blusa blanca. Pero por favor, si están pidiendo el exterminio a gritos, seamos nobles, concedámoslo.
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Había bastantes inmigrates. Lo que pasa es que te fijas en lo que no debes.
querdelf - 25 Junio 2009 at 17:30
La verdad es que los que peor me cayeron fueron los que hablaban español.
Lazarus Darrforl - 25 Junio 2009 at 22:11
nadie es profeta en su tierra…
querdelf - 29 Junio 2009 at 22:28