Gravity Zero 4.0
Cualquier parecido con un blog real es pura coincidencia, que se os tiene que explicar todo

En estado puro

Muchos lo pedíais, aquí lo tenéis. Hoy vengo a cagarme en una panda de hijos de la grandísima puta para, posteriormente, tirar de la cadena.

Por desgracia, este mundo es otra mierda igual de grande. Y no te gana un juicio quien tiene razón, sino quien más dinero tiene. Así que, para ahorrarme marrones sin renunciar a quedarme razonablemente a gusto, he decidido contaros la siguiente historia verídica pero con los nombres cambiados. Para que ningún listo encuentre este blog tirando de Google y después sume dos y dos.

Os cuento la historia de Ann y Susan, dos hermanas en cuyo barrio se crea la banda de música de Los Poppies. Las hermanas no tienen ni puta idea de música, pero se apuntan. La cosa resulta bastante bien, porque se les enseña solfeo y, poco después, la banda les presta dos instrumentos para que puedan ensayar estar en las actuaciones, tanto conciertos como desfiles en las fiestas tradicionales de la ciudad.

Las dos hermanas resultan tocar de puta madre, así que todos contentos. La propia banda anima a las dos a ingresar en una escuela para aprender a tocar mejor.

La cosa está bastante bien durante unos seis años. Nadie se mete con ellas y hay buen rollo. En la banda hay ya y pico de chavales, muchos de los cuales hacen ‘playback’ (o sea, que hacen como que tocan pero no lo hacen, porque son unos negaos).

Y llegamos al sexto año, donde comienza todo a irse al carajo. Se redacta un estatuto, porque las leyes lo exigen y tal, se convocan elecciones y se nombra una nueva Junta Directiva con nuevo Presidente.

El caso es que empiezan las movidas. Tanto Ann como Susan no faltan a ningún ensayo o actuación, compaginándolos con estudios, la escuela de música y otras cosas. Ann incluso enseña a los más pequeños de la banda. El problema surge cuando muchos miembros de la banda empiezan a faltar a los ensayos y a las actuaciones. No tienen tiempo, dicen los cabestros, que sólo tienen que el colegio y jugar a la play como quehaceres.

Ann, Susan y algunas más van advirtiendo a la Junta, por las buenas. Y la nueva Junta, que está formada por una pandilla de papis incultos que actúan y razonan como esa clase de gente que echa de menos a Paquito el Caudillo, y que se han metido ahí para sentirse autorrealizados, pasan del tema, aplicando la ley del mínimo esfuerzo.

La cosa llega a más, y llega un día en que en un concierto faltan a tantos músicos que tienen que llamarlos por teléfono, algunos de ellos, simplemente, están dormidos.

El sector currante de la banda se cabrea y, como por las buenas no les hacen caso, lo intentan por las malas proponiendo una huelga. No se llega a hacer, pero la Junta se cabrea (acojona), y suspende cautelarmente a las cabecillas, entre ellas, Ann.

Pero hay algo más detrás de esto.

Ann y Susan empiezan a ver como el ambiente empieza a oler a mierda. Un grupito empieza a echar pestes sobre ellas. Curiosamente, en ese grupo está la que una vez fue detrás del novio de Ann. Y, oh, casualidad, los comentarios empiezan a surgir cuando el chaval pasa de ella y empieza a salir con Ann. Los comentarios hacia Susan surgen cuando a ella se le otorga cierto puesto ‘especial’ en la banda, en detrimento de otra chavala que también es del grupito mala uva.

Para rematar, ambas niñatas de mierda son hijas de una miembro de la Junta Directiva. Vais pillando la historia, ¿a que sí?

Ann y Susan son tan buenas, que les vienen invitaciones de otras bandas e incluso alguna actuación pagada. Los Poppies prohiben que se usen sus instrumentos para actividades ajenas a ellos, así que Ann compra su propio instrumento y a Susan se le presta otro.

Y esto empieza a escocer más y más a las niñas hijaputas envidiosas y a la puta de su madre, que empiezan a meter más cizaña y a insinuar que se van a ir de Los Poppies para tocar en otra, incluso se dice que Susan toca con el instrumento de Los Poppies, cosa que desmiente consiguiendo que se le pida perdón.

Pero el odio está ahí.

De entre los motivos que esgrimen los que siguen faltando a sus obligaciones en Los Poppies, uno de ellos es el de tener que trabajar, el más comprensible de todos. Menos si eres Ann. Le ofrecen una actuación pagada que coincide con una de Los Poppies. La rechaza un año, pero al año siguiente un miembro de la Junta Directiva de Los Poppies afirma que no hay problema de fechas, y como el mismísimo hijo del Vicepresidente ya faltó a una actuación porque tocaba en otro sitio, Ann acepta el curro, porque necesita el dinero y porque entiende que no hace nada malo.

El problema es que ella no es hija del Vicepresidente.

Al final Los Poppies sí tienen una actuación ese día, y a Ann, a pesar de faltar por estar trabajando, la vuelven a suspender.

Ann, el día antes, informa al Presidente de la banda que no podrá ir a la actuación por los motivos que ya he contado, el Presidente no pone inconveniente, para días más tarde suspenderla. Todo orquestado para hacerle caer en la trampa y tener un motivo ‘justificado’ para amonestarla.

Pero esta vez la cosa va a acabar distinta, porque ambas están hasta los putos cojones de la mierda de la banda de los Poppies y de los fachas hijos de puta de mierda de la Junta Directiva. Y sabiendo que le van a ofrecer el perdón a cambio de que renuncie a sus otras actividades, prepara el plan.

El problema es Susan, que sigue sin tener instrumento propio. Pero en otra banda se le ofrece no uno sino dos, toma ya.

Así que Ann y Susan van a la banda, consiguen que Ann sea readmitiva. Momentos después la Junta anuncia una reforma de los Estatutos para obligar a los chavales la exclusividad. Y, en un climax final, Ann dice ‘pues ahora que me habéis readmitido, que sepáis que me voy, jodeos’.

Aquí se lía una que no veas. A uno de los miembros, enfermo de corazón, le da un ataque y casi la palma (lástima). Otro de los miembros de la Junta, visiblemente borracho, increpa a Ann, que valiente él…

La Junta jugó con fuego, pensando que no se iría porque su hermana Susan no podia por no tener instrumento propio. Susan da la sorpresa de la tarde anunciando que también se va y que cuenta con instrumentos, dos, uno para cada mano xD.

Y bueno, la madre de las dos hijas de puta está contenta, ahora tienen los puestos en la banda que querían. Porque claro, son sus niñas, y sus niñas son las mejores. Esto es lo que pasa cuando los que se meten en una banda son los padres de ciertos miembros, favoritismos al poder. E incompetencia, claro, porque son papis sin cultura musical ni de ningún otro tipo, nulos y de mente lenta para razonar y dialogar, con la única normal del ‘porque lo digo yo’.

Y la gloria, para los ‘hijos de’. Concretamente, de puta.

Los muy soplapollas bastardos se creen que se han librado del problema, error. Lo peor está por llegar, porque Ann y Susan conocen gente, y esa gente es lista y cabrona, pero cabrona de verdad. Para empezar esta historia va a llegar a los medios locales y organizadores de eventos con nombres y apellidos reales, y se va a liar. Y a las entidades que subvencionan (luego mantienen) la banda recibiran información detallada de unos estatutos que contienen artículos que vulneran derechos fundamentales, que se aprueba sin quorum necesario ni mayoría cualificada, que incumple el deber de entregarlo por escrito a los miembros y más cosas interesantes como pagar al director musical bajo cuerda.

Y por supuesto, más chavales que se van a ir de la banda, concretamente, los que sí tocan. A los papis fachas les retuerce el estómago que alguien más joven que ellos les replique de forma dialogada y llevando la razón, los cuales no tolerarán el devenir de la banda, que al paso que va acabará desfilando con el paso de la oca por la ciudad.

Y naturalmente, está este simbólico post. Así que preparaos para morir, PANDA DE HIJOS DE LA GRAN PUTA, OS DESEO UN CANCER EN EL RECTO.

Con amor.

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