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Por qué España es un país de mierda (IV)

¡Llegamos al final de la apasionante Historia de Ejpaña!

Eran los años 20 y llegaban nuevas idea desde varias partes del mundo. Monarquía, ejército e iglesia habían perpetrado una nueva traición al pueblo: derogar la (falsa) democracia e instaurar un regimen militar y dictatorial, el de Primo de Rivera.

A partir de aquí, alguna gente perdió la paciencia. Hablamos de los libre pensadores que, con su jornada laboral de 14 horas y el ayuno por cojones, tenían lucidez y tiempo como para darse cuenta de que mientras el rey y la iglesia siguieran en el poder no habría verdadera democracia en España. Se empezaron a dar cuenta de que al rey sólo le importaba una cosa: él mismo; y que la iglesia era precisamente la que más iba en contra del amor al prójimo y el voto de pobreza que propugnaba.

De ahí que los sectores progresistas se volvieran, irremediablemente, antimonarquicos y anticatólicos, lo que les llevó al ideario republicano y laico. Es sencillo.

El rey derogó la dictadura y rescató la fórmula democrática, pero esta vez no le iba a salir tan bien la jugada. Subestimó al pueblo y al movimiento político republicano perfectamente organizado que concurrió a las elecciones y dio la campanada… a medias.

Realmente, el republicanismo no ganó las elecciones municipales. No en el escrutinio total. Lo que ocurre es que ganó de forma aplastante en las principales capitales de provincia, Madrid incluida, y el rey se acojonó. Los obreros que votaron a los partidos republicanos eran los mismos que montaban jaleo en la calle, y como tenían muy mala leche, el rey se acojonó aún más y se largó del país. Ese mismo día, nació la II República.

Esta vez sí era una democracia representativa de la sociedad española, y de qué manera. Por un lado el sector progresista que quería separar la Iglesia del Estado, que el pueblo eligiera quién quería que les mandase, que los trabajadores vivieran como se merecían, que el reparto de tierra fuera más equitativo para que en vez de haber 4 ricos y millones de pobres hubiera millones de personas suficientemente provistas, que todo el mundo pudiera votar, y eso incluía, como no, a la mujer, que el pueblo mandase sobre el Ejército y no al revés. Al fin y al cabo, eran los ciudadanos quienes pagaban con su dinero los sueldos de los militares, las provisiones de armas… parecía lógico, ¿no?

Y luego estaba la otra España, la oscura, la que iba a salir perjudicada. La iglesia, los militares y los ricachones.

Ahora que los progresistas mandaban de verdad, todo esto iba a ocurrir. Los más radicales se vengaron a su modo contra la iglesia y quemó conventos y parroquias por doquier.

Pero la iglesia contaba con un arma más: la ignorancia de la plebe.

La totalidad del pueblo estaba adoctrinado, como digo, bajo el temor a Dios y la ignorancia. Engañados por la superstición y el fraude católico. Muchos de ellos empezaron a pensar por sí mismos, pero otros muchos no tenían remedio.

Estas eran las dos Españas. La que miraba al futuro como el del resto de Europa y la que miraba al pasado. Unos por interés y otros por sumisión.

Esto ocasionó que, en virtud de la libertad de sufragio real, los conservadores recuperasen el poder. En pocos años, la vida política nacional dio tumbos entre dos idearios completamente opuestos. Cuando los conservadores alcanzaron el poder en el 34 dispusieron derogar todos los avances y reformas iniciadas, y los radicales progresistas dieron un golpe de Estado para derrocarles que falló porque no contaban con el apoyo del ejército.

Dos años después pasó justo al contrario, pero esta vez había tropas. Al final pasó lo que, inevitablemente tenía que pasar. Las dos Españas, la de los ricos y la de los pobres se dieron cuenta de que ningua de ellas sobreviviría mientras siguiera existiendo la otra parte. La bipolarizacón social y económica en este país fue definitiva, una nación no puede tener más de una identidad porque deja de ser una nación y se convierte en dos.

La historia ya la conocéis, el bando nacional, lideradaba por un pelele carismático para la época y ayudado por los fascistas alemanes e italianos, los curas y los militares acabaron con la República. La Iglesia, el ejército y los ricos respiraron aliviados y la historia de España continuó igual que siempre.

Mañana: epílogo final. La actualidad.

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